El síndrome del impostor aparece cuando una persona competente atribuye sus logros a la suerte, al exceso de esfuerzo, a la ayuda de otros o a un error de evaluación. En lugar de integrar la evidencia de lo que sabe, mantiene la expectativa de que en cualquier momento alguien descubrirá que no es tan capaz como parece.
No se trata de arrogancia invertida ni de una simple falta de confianza. Es un patrón en el que la evidencia externa y la experiencia interna dejan de coincidir. La persona recibe resultados, reconocimiento o nuevas responsabilidades, pero internamente continúa sintiéndose en prueba.
Este material está escrito para acompañar, sin imponer una única manera de vivir. Puede utilizarse como guía individual, material de conversación.


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